Caballo de tiovivo

Hoy domingo me he levantado con una casualidad , y he querido compartirla con vosotros, porque me encanta que internet nos regale conexiones curiosas como ésta.

Hace poco me topé por la red con 2brain, que están comenzando en el mundo del diseño personalizado. Me gustó lo que hacían así que los sumé a mi lista de "perseguidos" twitteros. 
Y esta mañana, he visto que para celebrar que habían llegado a los 100 fans en face, sorteaban una taza que habían diseñado...y al ver la imagen de la foto, mi mente voló hacia un cuento que había escrito hace años y que parecía que ponía voz a esa taza.



Así que, 2brain, os lo dedico como regalo para celebrar vuestros 100 fans!



CABALLITO DE TIOVIVO

- Sólo soy un caballo de tiovivo- se decía una y otra vez, y se le formaba un nudo en su garganta de madera lacada.
Desde que lo constuyeron, él siempre había soñado con ser un caballo de verdad, con una crin de verdad y un relincho potente, y galopar por las praderas y competir con el viento.

Pero en el tiovivo las cosas eran muy distintas. Anclado por un barrote de hierro a la plataforma, se veía obligado a dar vueltas en círculo una y otra vez, siemrpe al son de la misma música, siempre detrás del coche de carreras, y delante de éste, el elefante de la India, y más allá, una cebra a la que nunca le había podido ver la cara, porque se la ocultaba el eje central del tiovivo.

Había estado en muchas ciudades diferentes, pero a él le resultaban todas iguales, porque todo lo que él podía ver desde allí eran las otras atracciones de feria, que pocas veces variaban, y la gente...la gente también era igual en todos sitios, con acentos diferentes, pero iguales al fin y al cabo: niños que le tiraban de la crin, que saltaban sobre su lomo y daban patadas en su vientre gritando ¡arre, arre!, cómo si él pudiese ir más rápido en aquel dichoso tiovivo.

Pero no creáis que este caballo se pasaba el día lamentándose. Él había intentado en varias ocasiones cumplir su sueño: de noche, cuando la feria estaba cerrada, el había abandonado sigilosamente su sitio y había comenzado a correr tan rápido como podía. Pero él, que toda su vida había caminando en círculos, no sabía hacerlo de otra forma, por lo que siempre acababa volviendo al tiovivo. Imaginaréis ahora la angustia de este caballo, que por más que intentaba alcanzar su sueño, nunca lo lograba.

Pero una noche, poco antes del amanecer, el caballo vio acercarse a un hombre con ropas muy desgastadas y algo sucio. Caminaba mirando al suelo, y justo al pasar por su lado, se agachó, recogió una colilla que había en el suelo, se sentó en la plataforma del tiovivo, encendió con una cerilla la colilla, y le dio unas caladas profundas.
A nuestro caballo no le gustó un pelo, no le gustaba para nada el humo de tabaco, ni le gustaba la gente. Así que se incomodó mucho cuando vio que el hombre le estaba mirando directamente a los ojos.
- Qué mirada más triste tienes- le dijo de pronto.
El caballo se quedó paralizado. Nunca nadie le había mirado así y menos aún se había parado a pensar cómo se sentía. Se le encogió su corazón de madera y una lágrima salió de sus ojos.
El hombre, conmovido, le acarició la crin y escuchó atentamente la historia del caballo de tiovivo: su sueño de galopar libre por las praderas, sus intentos y sus fracasos.

El hombre, se quedó callado unos instantes y luego le dijo:
- Creo que puedo ayudarte-
- ¿Quién tú? ¿Cómo?- preguntó el caballo incrédulo
- Tú sólo puedes andar en círculos, no?-
- Así es, por eso no puedo alejarme del tiovivo-
- Sí puedes, hay una forma-
- ¿Una forma? Dime cómo!- dijo el caballo impaciente
- Todo lo que tienes que hacer es comenzar a caminar, haciendo un círculo por ejemplo hacia la derecha, y justo cuando estés a la mitad del círculo, paras y comienzas otro círculo esta vez hacia la izquierda. La idea es ir enlazando medios círculos ¿lo entiendes?-
- ¡Claro! ¿Cómo no se me habrá ocurrido antes?-
- Estabas tan obsesionado con lo que no podías hacer, que no te paraste a pensar en lo que sí podías hacer-

El caballo entusiasmado se soltó de su anclaje dispuesto a probar esa solución, y le preguntó al hombre si había algo que él pudiese hacer para agradecer su ayuda.
- Me gustaría ir contigo, nunca he cabalgado y me encantaría acompañarte en tu viaje-
Al caballo le pareció bien eso de tener compañía, así que aceptó, y se pusieron inmediatamente en marcha: de medio círculo en medio círculo.
A medida que avanzaban, la marcha se iba automatizando, y sus patas ya sabían en qué momento debían girar, así que su mente podía entretenerse en admirar el paisaje o en la emoción que sentía cuánto más se alejaba del tiovivo.
Y unas veces galopando, otras al trote, salieron de la ciudad, se alejaron de las carreteras y autopistas y se adentraron en campo abierto.

Divisaron pronto una manada de caballos salvajes que pastaban tranquilamente. Al caballo de tiovivo se le aceleró el corazón al haber encontrado lo que buscaba y se dirigió hacia ellos con sus medios círculos.
La manada de caballos no creía lo que veían acercarse: un caballo de tiovivo, que se acercaba dibujando curvas. Escucharon intrigados su historia, y cómo por fin les había encontrado y podría hacer realidad su sueño de cabalgar en libertad.

Pero entonces el caballo que parecía ser el líder de la manada agachó con tristeza la cabeza
- Te equivocas, nuestra libertad no es lo que parece-
- ¿A qué te refieres? Preguntó desconcertado nuestro caballo de tiovivo
- Pues a que el campo ya no es lo que era, hay vallas por todas partes, todo es propiedad privada, cada palmo tiene dueño, y nadie quiere tener a un grupo de caballos salvajes en sus tierras. Así que nos vemos obligados a huir de un sitio a otro, siempre a escondidas y sin saber cuánto tiempo nos podremos quedar en cada sitio. Créeme, esto no es ser libre-
El caballo de madera se sintió muy decepcionado, su sueño se le acababa de hacer añicos.
- Mira-le dijo el caballo salvaje- si hay algún caballo que vive bien, ése es el caballo doméstico, al que nunca le falta comida, que siempre está limpio y cuidado, que tiene donde dormir sin preocuparse de los lobos y dónde resguardarse de la lluvia. Es a ésos caballos a los que deberías buscar, no a nosotros-
Al caballo de tiovivo se le iluminó de nuevo la mirada, les agradeció su consejo y con su compañero de viaje, puso de nuevo rumbo con sus medios círculos, esta vez en busca de los caballos domésticos.

Tras varios kilómetros, divisaron una granja con una cuadra y se acercaron hasta ella. La casa estaba cerrada, pero la cuadra tenía la puerta abierta. El hombre se bajó del caballo de tiovivo y se sentó bajo un manzano a comer algunas frutas que habían caído del árbol, mientras vio al caballo de madera alejarse y entrar en la cuadra.
Al cabo de unos minutos, vio con sorpresa que el caballo de tiovivo salía de la cuadra y volvía hacia él con la mirada gacha.

- ¿Qué ocurre? ¿No has encontrado lo que buscabas?- Le preguntó el hombre
- No vas a creértelo- dijo el caballo- pero estos caballos tampoco son felices, dicen que pasan el día trabajando en las tierras a las órdenes de su dueño, o encerrados en las cuadras, que están hartos de estar siempre en esta granja y que desearían ser caballos de feria, bonitos caballos de tiovivo, con alegres colores, viajar de ciudad en ciudad, siemrpe rodeados de gente, de niños deseosos de subir en ellos,sentirse admirados y queridos sin más obligación que caminar en círculos al son de la música. No lo entiendo. Creía que aquí encontraría la libertad y la felicidad, pero ahora resulta que no están en ningún sitio-
El hombre mordió la manzana que tenía en la mano, y tras unos segundos en silencio dijo
- Puede que el error haya sido buscar esas cosas fuera de ti-

1 comentario :

  1. Oh!!! Que agradable es ver como nuestros diseños cobran vida por medio de tus palabras. Es una historia preciosa, con sus inconvenientes, y sus tristezas, como todo en la vida. Pero preciosa en sí misma. Gracias por compartir tu historia con nosotras!!

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