El tambor de hojalata (Günter Grass)

El tambor de hojalata
Günter Grass
Ed. Alfaguara (1978)
Primera publicación: 1959

No tenía referencias previas sobre esta novela, los pocos a mi alrededor que lo habían empezado, lo abandonaron sin avanzar apenas. Así que cuando la tuve por primera vez en las manos, urgé en la contraportada. Varios términos captaron mi atención "difícil lectura", "genio" y "desesurada inventiva". ¿Qué podía salir de una coctelera con esos ingredientes?

El protagonista del libro, Oscar*, nos cuenta su vida en retrospectiva, marcada por el regalo de un tambor de hojalata a los tres años de edad. Desde ese instante Oscar se refugia en su tambor para rehuir la promesa de su padre de que algún día heredará su negocio de ultramarinos, y decide dejar de crecer. Una caída por las escaleras le da la coartada perfecta ante los adultos, y desde entonces Óscar se instala en sus 94 centímetros de altura y se muestra ante el mundo como un niño.

"No fue nada fácil aprender a leer haciéndome al propio tiempo el ignorante. Esto había de resultarme más difícil que la simulación, prolongada durante muchos años, de mojar la cama. Pues en este último caso se trataba de poner cada mañana de manifiesto una deficiencia de la que en el fondo habría podido prescindir. En cambio, hacerme el ignorante significaba para mí ocultar mis rápidos progresos y sostener una lucha constante con mi incipiente vanidad intelectual. Que los adultos vieran en mí a un niño que mojaba la cama me tenía perfectamente sin cuidado, pero tener que pasar un día sí y otro también por bobo era bastante molesto para Oscar y para su maestra"

El libro va convirtiéndose en una colección de historias, que casi funcionan como relatos independientes, en las que vamos conociendo a personajes desde los ojos de Oscar, ojos que todo lo captan para traducirlo luego en golpes de tambor: Un padre que muestra su cariño en sopas. Un supuesto padre que juega a las cartas en un edificio de Correos asediado por granadas y metralla. Una madre que "a veces se instalaba en el error, aunque a su alrededor hubiera sillas suficientes. Aun cuando se encerraba en sí misma, para mí siempre estaba abierta". Una abuela que esconde a un futuro marido y a un nieto bajo sus cuatro faldas. Un primer amor que bulle en polvos efervescentes en la palma de la mano. Un supuesto hermano que sabe a hijo. Un mascarón de proa asesino. Una pandilla de discípulos delincuentes. Un maestro circense de un metro de altura y kilómetros de mundo. Un segundo amor sonámbulo con olor a canela. Pintores y musas. Músicos de jazz que tocan en un local donde se acude para pelar cebollas y llorar todo lo que fuera se es incapaz de llorar. Un dedo acusador que es reliquia y huele a bata de enfermera. Y como escenario para todos estos personajes, una Polonia y Alemania de uniformes, insignias y balas.

Günter Grass tiene una pluma inteligente, capaz de formar imágenes únicas y de crear escenas difícil de olvidar (me muerdo la lengua para no destripar aquí alguna de ellas). ¿Por qué entonces pocos lectores se atreven con este libro? Tal vez porque a veces se regodee en detalles y situaciones que ralentizan el paso y te hace resoplar viendo la extensión de páginas que te quedan por delante (en total 655). En más de una ocasión tuve deseos de reducir fragmentos enteros a base de tijeretazos. Sin embargo, merece la pena tener paciencia en esos momentos, porque son la antesala de alguna escena de las que dejan huella. 

El director Volker Schlöndorff la llevó al cine en 1979, levantando un gran revuelo por presentar una escena de contenido sexual con un menor (menor en la apariencia, recordemos que el personaje de Oscar no crece por fuera, pero tiene 17 años en esa escena).

Para terminar, escojo una mini historia que ilustra bien el estilo de G. Grass y que no desvela nada de la historia principal para que no podáis acusarme de spoiler.
La historia de cuando la señorita Pioch conoció a su señor Vollmer en el tranvía:

"Yo volvía del negocio -posee y dirige una excelente librería-, el coche estaba repleto, y Willy -ése era el señor Vollmer- me pisó con rudeza el pie derecho. Yo no podía aguantarme de pie; fue un amor a primera vista. Mas como tampoco podía andar, él me ofreció su brazo y me acompañó o, mejor dicho, me llevó a casa y, a partir de aquel día, cuidó tiernamente aquella uña del pie que con su pisotón se me había puesto azul negruzca. Pero también en lo demás se comportó con mucho cariño, hasta que la uña se me desprendió del dedo gordo derecho y nada se oponía ya al crecimiento de una uña nueva. A partir del día en que se me cayó la uña mala, su cariño empezó a enfriarse. Sufríamos los dos por efecto de aquel decaimiento. Y en esto me hizo Willy, porque seguía queriéndome y también porque los dos teníamos mucho en común, aquella horrible proposición: Deja que te pise el dedo gordo izquierdo, hasta que la uña se ponga azul rojiza y luego azul negruzca. Yo accedí y él lo hizo. Instantáneamente volví a entrar en posesión de su amor y pude saborearlo hasta que la uña del dedo gordo izquierdo se me cayó también cual hoja seca. Y nuevamente nuestro amor se hizo otoñal. Ahora quería Willy volver a pisarme el dedo gordo derecho, cuya uña había crecido entretanto, para poder seguir amándome de nuevo. Pero yo no lo permití y le dije: si tu amor es verdaderamente grande y sincero, ha de poder sobrevivir a una uña de dedo gordo. Pero él no me comprendió y me dejó. Después de varios meses, volvimos a encontrarnos en una sala de conciertos. Pasado el intermedio, él se vino a sentar conmigo sin que yo se lo pidiera. Cuando durante la Novena Sinfonía empezó a cantar el coro, deslicé hacia los suyos mi pie derecho, del que previamente me había quitado el zapato. Él pisó y yo logré no perturbar el concierto. Dos veces más pudimos todavía pertenecernos mutuamente por espacio de algunas semanas, porque en dos ocasiones le tendía una vez el dedo gordo izquierdo y luego el derecho. Hoy tengo los dos dedos hechos una lástima. Las uñas no quieren ya crecer. De vez en cuando Willy viene a visitarme, se sienta a mis pies sobre la alfombra y contempla conmovido y lleno de compasión para conmigo y para con él mismo, pero sin amor y sin lágrimas, las dos víctimas desuñadas de nuestro amor."


* Aviso a navegantes y correctores empedernidos: No es que haya olvidado la tilde de Oscar, es que en el libro aparece así, cosas del alemán.

Arte urbano en Oporto

Visité fugazmente Oporto hace 18 años (hago un paréntesis aquí para sentirme vieja y suspirar) y quedó grabada en mi mente como una ciudad gris, desconchada y sucia.
En los últimos años sin embargo oí en numerosas ocasiones hablar de ella como uno de los imperdibles de Portugal, una ciudad dinámica y moderna. A mí me costaba reconocer en esas palabras a la ciudad que había visto y tenía ganas de contrastar mis recuerdos. Y por suerte, mis recuerdos han quedado hecho añicos.


Mejor que aburriros aquí con una reseña sobre las maravillas repartidas por la ciudad, cual video pelmazo de la boda de tus amigos, buscaros un hueco para una escapada  y palabrita de Gallina que no os vais a arrepentir. Sólo dejaré unas pocas palabras para los amantes de la comida como yo: bacalao dourado, vinho verde, sardinhas, queijo, alheira, francesinha y de postre natas. Podéis repetirlo hasta memorizarlo o cantarlos cual mantra.

Lo que si quería compartir con vosotros es cómo el arte urbano se ha extendido por los muros de la ciudad. Diferentes artistas, con técnicas diversas, han ido dejando un reguero de obras por las calles. Oporto ha sabido darle su valor y ya empiezan a aparecer en las guías turísticas de la ciudad, aunque parece que también las instituciones públicas tuvieron sus más y sus menos con los artistas (Si queréis conocer toda la historia, no os perdáis el blog TheCityTailors).

Aunque puedes encontrar obras por diferentes barrios, hay una calle que es un puro hervidero artístico: Miguel Bombarda, no sólo por el arte urbano que invade cada elemento de esta calle, sino por la alta tasa de galerías por metro cuadrado. Entre ellas, a destacar Ó!Galeria, dedicada en exclusiva a obras de ilustración.

En el siguiente vídeo tenéis una muestra de lo que podréis ver si me hacéis caso (cosa que deberíais, insisto) y os dáis un garbeo por Oporto.

 


El cuento de la criada, de Margaret Atwood

El cuento de la Criada
Margaret Atwood
Editorial Salamandra (2017)
Primera publicación: 1985
A mediados de los ochenta, la canadiense Margaret Artwood escribió esta novela distópica, en la que nos lleva a la República de Gilead (Estados Unidos), que se sirve de la excusa de protegerse ante el terrorismo islámico, para crear un régimen teocrático que supone una vuelta a los valores más puritanos y donde la libertad es sólo un vago recuerdo. 

En esta sociedad, la fertilidad está tan mermada, que se sirven de las "Criadas" para permitir a familias de estratos altos en la jerarquía (los comandantes) tener descendecia. Es una de estas Criadas, Defred, la que nos cuenta en primera persona cómo es la vida de estas mujeres a las que anulan desde la vestimenta, la alimentación, las interacciones sociales o cualquier otro signo de libertad, convirtiéndose en meros úteros fértiles a disposición de sus comandantes. Su propio nombre es eliminado, adquiriendo un nombre diferente en función del comandante al que es asignada (su comandante actual se llama Fred, por tanto ella se llama "Defred"). Rebelarse contra las normas implica la muerte o el destierro a las colonias, al estilo de los gulags siberianos de la Unión Soviética. 


Los demás personajes femeninos que rodean a Defred (Esposas, Econoesposas, Tías y Marthas) dibujan una sociedad hostil, donde cada una busca vías de desahogo a costa de las mujeres de las jerarquías inferiores, en lugar de establecer lazos de unión.

A lo largo del libro hallamos siete capítulos con un mismo título: "La noche", en los que Defred,  aprovechando esas horas de soledad en su habitación, nos lleva a su mundo interior de pensamientos, recuerdos de su vida anterior y divagaciones. Estos pasajes en ocasiones se vuelven lentos y repetitivos, aunque más allá de ser un defecto de la novela, te ayuda a adentrarte en la piel del personaje, en su completo aislamiento e impotencia para cualquier mínima acción. No es ninguna heroína luchando ante la adversidad, sino un ser completamente
anulado.

Sí que en ocasiones resulta un personaje algo incoherente, ya que aunque no parece que haga más de cinco años que fue convertida en Criada, recuerda sus libertades anteriores al régimen con un deterioro más propio de un lapso temporal de 30 o 40 años.

Sorprende encontrar en esta novela escrita hace más de tres décadas desigualdades de fondo que ni siquiera hoy se han superado, lo que provoca que, a medida que avanzamos en su lectura, crezca cierto temor de que acabe por ser una profecía de hacia donde va nuestra sociedad actual. Muy en la línea de la novela 1984, escrita por Georges Orwell en 1948.

El cuento de la Criada se ha convertido en una de las novelas de este año, con motivo del estreno de la serie de televisión para la HBO, aunque ya había sido llevada al cine en 1990 en Alemania bajo el título de El cuento de la doncella.

Sevilla tiene puerto

Sevilla tiene puerto, aunque no solemos reparar en él, porque a pesar de ser un enclave activo e interesante, no es de acceso público como en otras ciudades y sólo recordamos su existencia al atravesar en coche los puentes que lo rodean.
El único punto al que se puede llegar a pie son los embarcaderos que hay en la zona de Tablada, junto al puente de las Delicias, a los que se llega tras sortear camiones que van a las naves colindantes y saltar por encima de botellas rotas. Aún así, merece la pena asomarse a esta vera apenas transitada por pescadores y dueños con sus perros. Desde estos embarcaderos, podemos contemplar las instalaciones del Puerto delimitadas por los puentes Delicias y Quinto Centenario.



Al acercarme a esta linde del río, me di cuenta por primera vez de que nuestro puerto tiene una línea de tren que sigue en funcionamiento. Queriendo conocer más sobre este enclave, crucé al otro lado del puente y me dirigí al poco conocido museo del Puerto de Sevilla, ubicado en una de las naves de ladrillo en la avenida de la Raza que se construyeron para la exposición iberoamericana de 1929.

Allí me atendió quien creí erróneamente era el conserje y en realidad era uno de los trabajadores-guías del museo. Manuel encendió para mí la luz de la nave contigua donde se halla el museo y me acompañó en una magnífica visita guiada, contándome cientos de curiosidades y facilitándome además referencias de webs y documentación que ha ido recopilando y que ofrece a los visitantes.

El recorrido por el museo comienza con un acercamiento a los orígenes históricos, desde los fenicios y romanos, hasta el siglo XX. Resaltan en medio de la sala una reproducción de la Ingenio, una grúa de madera de la Edad Media con la que se descargaron los bloques de piedra que venían del Puerto de Santa María para la construcción de la Catedral; junto a una grúa de hierro fabricada en El Pedroso en 1842 y otra tercera fabricada en alemania más moderna, pero también manual. 



También se puede ver la maqueta de un barco que no es otro que el Real Fernando, el primer buque de vapor que se construyó en España y concretamente, en los astilleros de Sevilla, posibilitando que el recorrido por el río de hasta Sanlúcar pasara de 8 o 9 días a tan sólo 9 horas.

En otra sala, mi guía me habló de las diferentes formas en las que el hombre ha ido domando el río para hacerlo más navegable. Comenzando por las balizas y boyas para señalar los tramos con mejor calado, pasando por las cortas (canales abiertos para sortear los sinuosos meandros del río), las dragas del cauce para limpiarlo, y terminando con una reproducción de la esclusa, que regula el nivel del agua.


 

En la última sala se exponen diferentes elementos para acercarte al puerto en la actualidad y cuáles son las actividades que tienen lugar hoy en día.


Disfruté mucho de esta visita que no había planeado, gracias sobre todo a esos pequeños detalles y curiosidades que me iba descubriendo mi guía. El museo bien merece un paseo, aunque algunas instalaciones o paneles resultan un poco anticuados, otros, sin embargo, me parecen muy acertados y aclaratorios. La pega, que sólo abre de lunes a viernes en horario de mañana.
  
Lamentablemente además, la visita a las instalaciones más allá del museo, aunque posible, sólo puede realizarse de forma grupal alquilando un autobús o barco por cuenta propia, por lo que si eres un particular, dificilmente puedes acceder a este recorrido.  
Sería muy interesante que desde el Museo se organizasen estas visitas, para que pudiéramos inscribirnos los particulares. La pega, como siempre, el presupuesto. Aunque a veces las instituciones se olvida que con poco, se puede conseguir mucho.De momento, por tanto, tendremos que conformarnos con verlo desde el puente.

Datos prácticos:
Horario del museo: De Lunes a Viernes de 8:00h-14:00h 
Mejor contactar antes para asegurarte que podrán atenderte durante tu visita
Contacto: 954 247 337 / 954 247 673    museo@apsevilla.com




Cañas y barro, de Vicente Blasco Ibáñez

Vicente Blasco Ibáñez
Cañas y barro
Alianza editorial.2006
Primera publicación: 1902

La Albufera valenciana de finales del siglo XIX y principios del XX le sirve a Blasco Ibáñez para impregnar a la novela y a sus personajes de toda la crudeza y violencia del entorno.
En la aldea de El Palmar, en una mísera barraca de barro y caña, vive el clan de los Palomas, compuesto por tres varones de diferentes generaciones en permanente conflicto.

Por un lado, el abuelo, con el carácter endurecido por las crudas condiciones de vida,  que se siente orgulloso de pertenecer a la estirpe de pescadores y barqueros, renegando de los labradores que van ganando terreno al lago para el arroz. 

"Habían tenido muchos hijos, muchísimos; pero, menos uno, todos habían muerto oportunamente. (...) El tío Paloma encontraba estas desgracias lógicas e indispensables. Había que alabar al Señor, que se acuerda de los pobres. Era repugnante ver cómo se aumentaban las familias en la miseria; y sin la bondad de Dios, que de vez en cuando aclaraba esta peste de chiquillos, no quedaría en el lago comida para todos y tendrían que devorarse unos a otros."


Por otro lado, el padre, que cubo a cubo intenta ganarle terreno al agua para poder disponer algún día de un pedazo de tierra cultivable que dejarle a su hijo, empeño que le enfrenta directamente con los intereses pesqueros del abuelo.

"Desde entonces deseó toda clase de calamidades para las tierras del hijo, como un medio de domar su orgullosa resistencia. Nada preguntaba en casa, pero al cruzarse su barquichuelo en el lago con las grandes barcazas que venían de la parte del Saler, se enteraba de la marcha de la cosecha y sentía cierta satisfacción cuando le anunciaban que el año sería malo. Su testarudo hijo iba a morir de hambre. Aún tendría que pedirle de rodillas, para comer, la llave del antiguo vivero con la montera de paja desfondada que tenía junto al Palmar."

Y por último, el hijo, de carácter débil que se resiste a la vida sacrificada de la familia.

"Se aburría acompañando a su padre a las tierras del Saler, y pensaba con inquietud en su porvenir viendo al tío Tòni metido en el barro de los arrozales, entre sanguijuelas y sapos, con las piernas mojadas y el busto abrasado por el sol. Su instinto de muchacho perezoso se rebelaba. No; él no haría lo que su padre; no trabajaría los campos."

Este entorno de miseria y sacrificios moldea a golpes a los protagonistas que, en cualquier otro lugar, nos resultarían brutales y miserables; y que sin embargo aquí, se convierten en supervivientes, verdaderos hijos de la Albufera, que aman a ésta a pesar de su dureza, porque es parte de ellos mismos y porque en definitiva, es lo único que tienen.

Para aquellos que os decidáis a leerlo, os dejo aquí mi receta para exhorcizar los demonios de la albufera que os atormentarán al inicio del sueño: id en romería hasta el Palmar, daros un paseo al atardecer en una de las barcas de pescadores entre las cañas y las tranquilas aguas, y tomaros un buen all i pebre a la salud de los Palomas.

Exposición De Mil Amores [Orgullo 2017]


Entre las actividades organizadas por el Ayuntamiento con motivo del Día del Orgullo, podremos disfrutar hasta el 4 de julio de la exposición De mil amores, donde se han escogido 18 poemas de diferentes autores, cada uno de ellos ilustrados por artistas locales de la asociación Garabattagge.

La instalación se sitúa en plena avenida de la Constitución y durante la inauguración, la artista Ana Langeheldt hizo una obra en directo para disfrute de los viandantes.


Como muestra, aquí tenéis algunos de los poemas con su ilustración asociada.
Si queréis ver el album completo, podéis entrar en facebook , o mejor aún, daros un paseo y verlas al natural.

JUAN ANTONIO GONZÁLEZ IGLESIAS (1964)

HAY ALGO EN EL AMOR

(...)
Pero algo en el amor no es de este mundo.
Algo que no es abstracto.
Lo pruevo, por ejemplo, en la temperatura
de tu piel, cada vez que nos quedamos
dormidos juntos, y cada mañana
en que no espero más que tu primer
beso, cuando recobras
a ciegas tu lugar entre mis brazos.
Entonces se anticipa lo que un día tendremos
definitivamente.
Para poder nombrarlo
se me hace necesaria la noción de solsticio.
No lo razono más. Es una especie
de primicia.

Cristina Martos Vela
MARÍA MERCÈ MARÇAL (1952-1998)

Te amo porque sí. Porque el cuerpo me lo pide.
Porque has llegado de la ola sin orden ni concierto.
Porque el verdor de la floresta te enrama la cabaña
sin cerraduras ni barras, en un verde desvarío.
Porque quiero.
Aurora Villaviejas Fatuarte

LUIS CERNUDA (1902-1963)

A UN MUCHACHO ANDALUZ
(...)
¿Eras emanación del mar cercano?
Eras el mar aún más
que las aguas henchidas con su aliento,
encauzadas en río sobre tu tierra abierta,
bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores.

Eras el mar aún más
tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo;
eras forma primera,
eras fuerza inconsciente de su propia hermosura.

Y tus labios, de bisel tan terso,
eran la vida misma
como una ardiente flor
nutrida con la savia
de aquella piel oscura
que inflitraba nocturno escalofrío.

Si el amor fuera un ala
(...)
Creí en ti, muchachillo.
(...)


Inma Serrano
FEDERICO GARCÍA LORCA (1898-1936)

ODA A WALT WHITMAN

(...)
Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,
contra el niño que escribe
nombre de niña en su almohada,
ni contra el muchacho que se viste de novia
en la oscuridad del ropero,
ni contra los solitarios de los casinos
que beben con asco el agua de la prostitución,
ni contra los hombres de mirada verde
que aman al hombre y queman sus labios en silencio.
(...)
Abel Ippólito
JUAN BERNIER (1911-1989)

PERMITID, SEÑOR


Permitid, Señor, un poco de lujuria en este mundo.
Permitid que el roce de los labios sea caliente levadura,
permitid que las pupilas de luto del deseo se 
hundan en el pozo de otros ojos, 
permitid que la mano del osado amante alpe
la sangre ajena estremecida
(...)
Permitidlo, Señor, que ya sufrieron sus penas los humanos,
que ya, bastante, la carga duró sobre los hombros
Adriana Santos
CRISTIAN ALCARAZ (1990)

TENGO UN SECRETO

(...)
hombre para hombre
y fin.
Arturo Redondo








Centro Cerámica Triana

Recuerdo atravesar la calle alfarería de pequeña, y ver los talleres de alfareros con sus puertas abiertas y los tornos girando al fondo en semipenumbra. Pero nunca imaginé los enormes hornos que se escondían tras la fachada de Cerámicas Santa Ana, convertida desde 2014 en el Centro Cerámico de Triana.

Una de las maravillas de este museo es que no solo hablan los paneles informativos, sino que las mismas paredes te cuentan historias del pasado.



La remodelación de los arquitectos (Miguel Hernandez Valencia y Esther López Martín) ha sabido respetar las edificaciones originales combinándolas con la moderna estructura superior de acero y piezas cerámicas cilíndricas, que recuerdan las piezas apiladas en los hornos y que ofrecen además encuadres originales desde las galerías superiores, con ese placer de quien observa a escondidas desde una mirilla.
 
Chimeneas superiores de uno de los hornos

 

La planta baja del museo ofrece un recorrido por las instalaciones de la antigua fábrica de cerámica, con hornos que datan del siglo XIX (alguno incluso del siglo XVI, que se encontraron durante las excavaciones arqueológicas). 
Hornos de ladrillo en los que, una vez introducidas las piezas y encendido el fuego, se tapiaba la puerta para evitar la entrada de aire y cuya coción se controlaba según el color del fuego que subía por las chimeneas superiores.

Interior de uno de los hornos

En esta planta baja podemos ver también el antiguo pozo de agua y los molinos para los minerales de los esmaltes.


De estos hornos han salido gran parte de los azulejos que vemos a diario en edificios antiguos de la ciudad. Mi colegio estaba a pocos metros de esta fábrica (San Jacinto) y tengo grabada en la memoria los dibujos geométricos de sus zócalos y el tacto suave de los esmaltes.

Cartel cerámico publicitario años 40-60  / Interior del horno, con las estanterías para las piezas

Completan el museo una zona expositiva en la planta superior, con obras cerámicas de distintas épocas, pertenecientes a la colección del Ayuntamiento, así como una sala acerca del barrio de Triana. 

Y este paseo al corazón de barro de triana cuesta tan sólo 2,10€ y para los sevillanos, de un lado u otro del puente, gratis.

Como curiosidad documental, he encontrado un reportaje que hizo canal sur sobre Cerámicas Santa Ana en el año 1988, y más antiguas aún, unas imágenes grabadas en 1948 donde se ve a los trabajadores saliendo de la fábrica y al antiguo propietario, Eduardo Rodríguez Díaz.

El elogio de la sombra, Junichiro Tanizaki

El Japón tradicional tiene un ritmo que me costó comprender. Atraída por una cultura tan diferente empecé a leer literatura japonesa, pero siempre se me asemejaban a esas tardes de agosto largas y soporíferas. Hasta que fui deshojando mis expectativas. Ahora soy consciente de que no puedes enfrentarte a un libro japonés con las gafas occidentales puestas. Los valores que hay detrás son muy diferentes y eso se refleja no sólo en los contenidos, sino sobretodo en las formas.

Una buena forma de comprenderlo es el libro El elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki (Ed. Siruela).

Es un breve ensayo que me duró solo dos viajes de autobús (unidad de medida para los que carecemos de coche propio) o lo que es lo mismo, 92 páginas en una edición de apenas diez centímetros apta para cualquier bolso.

Tanizaki nos habla de la belleza que encierran las sombras en los espacios, del juego de claroscuros que llena de significado una casa sin necesidad de muebles ni adornos. Es uno de esos libros por los que hay que dejarse envolver, más allá de leerlo, para introducirte en el concepto japonés de la belleza y lo simple como algo inseparable, de la contemplación y la unión del hombre con lo que le rodea.

Pequeño manual de culto para arquitectos, es un billete a la tradición oriental para los que sentimos interés por esta cultura tan diferente, pero no olvides leer por encima de las gafas occidentales, porque, reconozcámoslo, quitárnoslas no es posible. Pero seguro que al menos al pasar la última página tendrás ganas de apagar la luz más a menudo.

RUTA PERIFERICA [26 de Mayo]

Hace unas semanas me uní a una ruta por las librerías alternativas que organizaban los responsables de tres blogs culturales: Sonia (Letras Anfibias), Sergio (Cultura de Sevilla) y Sandra (Expressan).

Resultó interesantísimo poder charlar un rato con cada librero para que nos contara su proyecto, su trayectoria, sus dificultades y sus sueños; pero fue maravilloso también compartir ese rato con las personas que se unieron, con las que al fin y al cabo compartía aficiones e intereses.

Sergio y Sandra comenzaron con estas rutas centrándolas en Galerías de Arte, ya que es una pasión que les une a ambos, y simplemente decidieron anunciar sus quedadas para que quien lo deseara los acompañara.

Les sugerí que sería interesante que hicieran una ruta por espacios que estén fuera del centro de la ciudad (la cabra tira al monte y La Gallina a los barrios, ya se sabe) y me dijeron -¿Por qué no la haces tú?-

Así que me sumo a su iniciativa, organizando en colaboración con ellos, esta RUTA PERIFÉRICA, que nos llevará a conocer cinco espacios relacionados con la cultura en la zona de la Avenida de Hytasa.

FECHA:
Viernes 26 de Mayo

PUNTO DE SALIDA:
La Casa Despierta (C/Aníbal González, 21) a las 17:30h 
(Junto a la Avenida de Hytasa. Autobuses cercanos: 2 y 38)

ESPACIOS QUE VISITAREMOS EN ESTA RUTA:
- LA CASA DESPIERTA
- Laboratorio de Teatro SENNSA
- Centro  13 ESPACIO ARTE
- Centro de danza LOVE 2 DANCE
- Távora Teatro Abierto

¿CÓMO PARTICIPAR?
Simplemente acudiendo el Viernes 26 de Mayo a las 17:30h al punto de partida: La Casa Despierta.
No es necesario inscribirse, aunque si nos avisas vía email o por las redes sociales mejor que mejor.

Y por si te quedaba alguna duda, esta actividad es completamente gratuita. Lo que queremos es compartir una tarde recorriendo espacios interesantes en compañía.

La Gallina ya no tiene Diván, ni Coworking

Vale que La Gallina ya no tiene Diván ni tiene Coworking...pero de ahí a que esté enterrada, hay una diferencia.

Si no se han eliminado el blog ni las redes sociales es justamente porque no está tan claro que sea un punto y final, aunque no nos engañemos, es un punto y aparte. No hay ninguna intención de hacer un proyecto parecido (una y no más Santo Tomás!), pero lo que me impulsó a abrirla en su día no ha muerto. 

Esta página será testigo de ello, haciéndose eco de las actividades culturales y sociales en las que meta mis plumas y patas, aunque no habrá una periodicidad de publicaciones establecida ni mucho menos. Es una etapa de cambios y replanteamientos, pero te invito a estar cerca (y a participar) si te apetece.