23.9.17

Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin


Manual para mujeres de la limpieza es uno de esos libros con los que tienes que coger aire antes de enfrentarte a cada uno de sus 43 relatos.
Lucia Berlin (1936-2004) tuvo una vida truculenta y de montaña rusa que bien podría acabar contigo si careces de su habilidad para escupirla en palabras. Su infancia se repartió entre un pueblo minero de Alaska, la casa de sus abuelos en El Paso, Chile y México. También en EEUU vivió en varias ciudades, pasó por tres matrimonios y tuvo cuatro hijos. Añadamos a todo esto alcoholismo, problemas económicos, historia sentimental atormentada y empleos limpiando casas o de enfermera en urgencias y tenemos ingredientes suficientes para volverse loca o para hacer un buen libro, como es el caso.

Sus experiencias se reflejan en sus relatos, sin llegar a convertirlos en autobiográficos. Lucía cogía la realidad y tejía a partir de ella. Con un estilo directo y crudo, pero a la vez hermoso y hasta poético, sin dejar de lado el humor:

Las licorerías son pesadillas mastodónticas del tamaño de unos grandes almacenes. Podrías morir de delírium tremens antes de encontrar el pasillo del Jim Bean. La mejor ciudad es Alburquerque, donde en las licorerías  hay ventanillas para comprar desde el coche, así que ni siquiera te has de quitar el pijama. aunque tampoco venden los domingos. Si no me planificaba de antemano siempre era un problema a quién diablos podía pasar a ver para que me invitara a un trago fuerte.

Lucia dibuja de una forma especial a cada personaje, es una artista del boceto, con pocas frases te planta delante de uno de ellos con un desnudo integral, una visión a veces espeluznante, otras lastimosa. El retrato de su madre es quizás uno de los que te aguijonea más el corazón:
-No, incluso su sentido del humor era escalofriante. Las notas de suicidio que escribió a lo largo de los años, siempre dirigidas a mí, solían ser bromas. Cuando se cortó las venas,  firmó "Mary la Sangrienta". Cuando se tomó pastillas, escribió que prefería no intentarlo con una soga porque era demasiado lío. La última casta que me mandó no era divertida. Decía que sabía que yo nunca la perdonaría. Que ella tampoco me perdonaba por haber destrozado mi vida.

(...)
Después de que papá volviera de la guerra vivimos en Arizona y fueron felices juntos. Plantaron rosales y te regalaron un cachorro que se llamaba Sam. Mamá estaba sobria, pero ya no sabía cómo tratar con nosotras. Pensábamos que nos odiaba, cuando simplemente le dábamos miedo. Creía que éramos nosotras quienes la habíamos abandonado, quienes la odiábamos. Se protegía burlándose y tratándonos con desprecio, hiriéndonos para evitar que la hiriéramos primero.

Sólo hay que lamentar que la justicia a Lucia Berlin le haya llegado póstuma, ya que aunque en vida publicó algún libro y relatos en revistas, no fue hasta 2015 que la reconocida editorial estadounidense Farrar Straus and Giroux publicó esta recopilación de sus mejores relatos, situándose en pocas semanas entre los más vendidos y recibiendo alabanzas de las críticas literarias.

Manual para mujeres de la limpieza
Lucia Berlin
Ed. Alfaguara, 2016.

28.8.17

La Basílica inconclusa de Aníbal González [Sevilla]

A veces encuentras en una ciudad vestigios, no sólo de lo que una vez fue, sino de lo que pudo haber sido.  Paseando hace unos años por la zona de la Buhaira, en el barrio de Nervión de Sevilla, me llamó la atención el acceso poco convencional de un restaurante: escalinata y anchas columnas de ladrillo. Cuando llegué a casa comencé a investigar y descubrí que eran los restos de un proyecto inacabado: La Basílica de La Milagrosa, del arquitecto Aníbal González.

Desde 1910 existía una pequeña capilla en una casa de la calle Quevedo con una talla de La Inmaculada que era muy reverenciada por el pueblo, con fama de milagrosa. Se decidió entonces construir una basílica más acorde al gran número de fieles que iban a verla a diario.  El lugar elegido fueron los terrenos donados a los jesuitas de Huerta del Rey, en las afueras de la ciudad. La Compañía de Jesús quería construir en dichos terrenos la Basílica y junto a ella, un gran centro educativo. Encargaron el proyecto al arquitecto Aníbal González y comenzaron a recaudar donativos para su construcción.

Aníbal González hizo un primer proyecto en 1920, pero su falta de tiempo (estaba en esos momentos al frente de las obras para la exposición iberoamericana del 29) unido a la insuficiente financiación, hicieron que el proyecto se postergase.



Pero en 1926 Aníbal González dimite como director de la exposición en la que llevaba quince años trabajando por diferencias con el comisario regio que había nombrado por Primo de Ribera para acelerar las obras. Al año siguiente, retoma el proyecto de la Basílica de la Milagrosa en la que parece querer dar salida a su despecho por haber sido apartado de la exposición iberoamericana construyendo una basílica que competía en dimensiones con la mismísim
a Catedral de Sevilla.

Las medidas que se contemplaban en el proyecto eran muy similares a las de la Catedral: Dos torres en su fachada de 100 m de altura (frente a la altura de la Giralda: 97,5m), con una superficie de casi 10.000m2 (catedral: 11.520m2) y precedida de una plaza de 120m2 con un gran obelisco similar al del Vaticano. El estilo elegido por Aníbal González es el neogótico, que quizás para esa época estaba ya un poco anticuado, pero que fue muy bien aceptado por los sevillanos.



El elevado presupuesto hace que se descarte por el momento construir el centro educativo y se apueste sólo por la basílica, cuyas obras dieron comienzo en 1928. El 6 de Julio de ese año se colocó la primera pìedra, en un acto presidido por el Cardenal Ilundai y la familia real. En los días siguientes comenzaron las obras de cimentación, que justo acababan de terminar cuando el 31 de mayo de 1929 fallece Aníbal González.
Debido a su muerte y a problemas con la financiación, el proyecto queda de nuevo parado. No será hasta los años 40 que los jesuitas ponen el proyecto en manos del arquitecto Antonio Illanes del Río. Pero tras un presupuesto inicial, deciden construir únicamente el centro educativo (el actual Colegio Portaceli) y abandonar definitivamente el proyecto de la basílica.

La imagen de la Inmaculada puede verse hoy en la Iglesia de San Lorenzo.


En 2003 se construyó un restaurante en los cimientos abandonados de la basílica, respetando sus peculiaridades arquitectónicas, lo que le otorga esa peculiar y majestuosa entrada y una terraza rodeada de robustas columnas.

Desde arriba se puede apreciar fácilmente la forma de cruz latina y de la girola del templo que no llegó a ser.




Agradecimientos:
Fue una suerte encontrar los blogs de Sevillanadas y Postalesyfotosantiguasdesevilla, de donde pude sacar la mayor parte de la información para este post. En el segundo encontraréis muchas fotos antiguas que documentan su historia.



21.8.17

Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, D. Foster Wallace

David Foster Wallace
Algo supuestamente divertido que
nunca más volveré a hacer
Ed. DEBOLSILLO (2014)
Primera publicación: 1997
Cuando dos profesores de diferentes talleres de escritura te recomiendan a un mismo escritor, es que algo interesante tiene. Y Foster Wallace tiene mucho más que "algo".

En sus historias retrata la sociedad americana contemporánea: concursos televisivos, ejecutivos enchaquetados, pandillas de ética dudosa, intelectuales universitarios, etc.  Sus retratos, sus comparaciones y descripciones son directas, sin florituras, pero con un halo de crítica de lo absurdo (tanto hacia fuera como hacia dentro) entremezcladas con cuestionamientos filosóficos que te hace debatirte entre el rechazo, la compasión o la risa floja, pero que por encima de todo, te atrapa.

Estas tres emociones se iban sucediendo sin orden cuando leí su libro de relatos La niña del pelo raro y aunque en alguna que otra ocasión me quedaba mirando el libro con cara de -Wallace, estás jugando conmigo de mala manera- al final se lo perdonas todo, como a ese amigo que le gusta liarte y sacarte de tus casillas, pero que en el fondo adoras.

Mi segundo acercamiento a Foster Wallace ha sido con Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer (1997), una recopilación de los artículos que escribió sobre su experiencia en un crucero de lujo, por encargo de la revista Harper's. Enfrentar la imagen idealizada que tenemos los que nunca hemos puesto un pie en uno de estos barcos de lujo con las descripciones de Foster Wallace es un ejercicio de diversión continua y no me resisto a poner aquí algunos ejemplos.

Al hablar de la actitud del personal de abordo: Sus Sonrisas Profesionales se activan como interruptores a mi paso. (...) Ya conocen esa sonrisa -la contracción enérgica del cuadro circumoral con movimiento cigomático incompleto-, esa sonrisa que no llega a los ojos del que sonríe y que no significa nada más que un intento calculado de adelantarse a los intereses del que sonríe fingiendo que le cae bien el objeto de la sonrisa. ¿Por qué los empresarios y gerentes obligan a los profesionales de los servicios a irradiar la Sonrisa Profesional? ¿Soy el único consumidor en quien dosis elevadas de esa sonrisa producen desesperación? ¿Soy la única persona que está segura de que el número creciente de casos en que gente de aspecto totalmente ordinario aparecen de pronto con armas automáticas en centros comerciales, oficinas de seguros, complejos médicos y McDonald's guarda alguna relación causal con el hecho de que estos lugares son centros notorios de difusión de la Sonrisa Profesional?

Sobre la limpieza de su camarote: El misterio es todavía más complejo e inquietante de lo que había pensado al principio, porque mi camarote es limpiado siempre y únicamente en los intervalos en que estoy fuera durante más de media hora. Cuando salgo ¿cómo pueden saber Petra o sus supervisores cuánto tiempo voy a estar fuera? Pruebo a salir del camarote un par de veces y volver al cabo de diez o quince minutos a fin de pillar a Petra in delicto, pero nunca está. Pruebo a dejar el camarote hecho un desastre, marcharme, esconderme en alguna cubierta inferior y luego volver a toda prisa al cabo de veintinueve minutos exactamente: de nuevo abro la puerta de golpe, pero ni está Petra ni nadie ha limpiado. Luego abandono el camarote exactamente con la misma expresión y llevando las mismas cosas que la vez anterior y esta vez permanezco escondido durante treina y un minutos y regreso: ahora no hay rastro de Petra pero el camarote 1009 está esterilizado, reluciente y hay un bombón en la almohada nueva de la cama. Sepan que examino con cuidado cada centímetro de todas las superfcies por las que paso durante estos experimentos: no encuentro cámaras, sensores de movimiento ni ninguna otra prueba que pueda explicar cómo lo saben. De forma que por el momento postulo que debe de haber un miembro especial de la tripulación asignado a cada pasajero que sigue todo el tiempo a este pasajero, usando técnicas extremadamente sofisticadas de vigilancia personal e informando de los movimientos de los pasajeros, de sus actividades y de la hora prevista de regreso al camarote al cuartel general de mantenimiento, o algo así.

Llama la atención el uso que hace de los pies de página, que invaden en ocasiones al texto principal, pero que más que aclaraciones se convierten en minirelatos paralelos que no puedes pasar por alto.

Wallace nos lleva de la mano a través de un teatro de sonrisas profesionales, limpiezas que rayan el neuroticismo, servilismo extremo del personal y un amplio programa de actividades protagonizado por pasajeros canosos y barrigones armados con cámaras fotográficas, gafas de sol y bermudas estampadas. A bordo del barco todo parece una representación bien ensayada que arranca aplausos y vítores, mientras Wallace no deja nunca que olvidemos que no es real, que sólo es un intento bastante bien logrado para que olvidemos nuestra mortalidad.

Lo curioso es que ahora estoy deseando subirme a un crucero y ver con mis propios ojos los inodoros succionadores, contar el número de toallas por hora que cambia en las hamacas el mozo de la cubierta 12, asistir al show de la noche del pasajero o ir dejando un reguero de migas de pan para ver cómo el asistente de camarero de mi mesa las va recogiendo una a una.



7.8.17

9 salas de exposiciones municipales ubicadas en edificios históricos [Madrid]

En Madrid existen un buen número de salas de exposiciones dependientes del Ayuntamiento. En cada distrito encontramos los diferentes centros culturales, pero las mejores salas son sin duda aquellas que se han ubicado en edificios de gran valor histórico y arquitectónico.

Estas localizaciones les confiere un doble atractivo: por un lado nos permite disfrutar de las diferentes exposiciones gratuitas que organizan, pero sobre todo, nos ofrece la oportunidad de conocer el interior de estos edificios, conocer su historia y su arquitectura, que de otro modo, probablemente hubieran acabado perdiéndose o al menos, cerrados al público.

Si quieres organizarte tu recorrido, pincha en el mapa, para ver la ubicación exacta de cada una de las salas.




Centro Centro (Pza Cibeles, 1). El Palacio de Cibeles se construyó a principios del siglo XX como sede de Correos, y viendo su embergadura, no es difícil entender que le llamasen la Catedral de las Comunicaciones. En 2003 pasó a manos del Ayuntamiento, y hoy es un gran centro cultural que acoge exhibiciones de gran calidad.
Matadero Madrid (pza Legazpi, 8). El complejo de naves del antiguo matadero de la ciudad es hoy una pequeña ciudad dedicada a la cultura y la creación. Además de otras muchas actividades, hay exposiciones en las salas Abierto X Obras, Central de Diseño y Centro Cultural La Casa del Reloj.


    Conde Duque. (C/Conde Duque, 11). Ubicado en el antiguo Real Cuartel de Guardias de Corps, alberga tres salas (Sala 1, Sala Sur, Sala de Bóvedas) para exposiciones relacionadas con la historia de la ciudad. También incluye el Museo de Arte Contemporáneo Portátil y otras instalaciones como Auditorio, Teatro, Salas de Ensayo, Biblioteca Histórica Municipal  y la  Hemeroteca Municipal.





    Centro Cultural Casa de Vacas. (Pº de Colombia s/n). Situado en una antigua vaquería de 1874, en el parque de El Retiro, que incluía un bar en el que la gente podía sentarse a beber leche recién ordeñada.



    Centro Cultural Galileo. (C/Galileo, 39). Se abrió en 1986, en el edificio de la antigua funeraria Galileo. Además de sala de exposiciones, también alberga el Teatro Galileo.




    Casa de La Panadería (Plaza Mayor). Llamada así porque en su planta baja se ubicó la tahona municipal (hoy sede del centro de turismo Plaza Mayor), mientras que la planta alta estaba reservada para disfrute de la Familia Real. Alberga exposiciones temporales en su Salón de Bóvedas (antiguas caballerizas de los panaderos).



    Sala El Águila. (C/ Ramírez de Prado, 3). Situada en la antigua fábrica de cervezas El Águila de 1914, compartiendo espacio con el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, el Depósito Legal y la Biblioteca Joaquín Leguina






    Sala Alcalá 31. (C/Alcalá, 31) Situada en el antiguo edificio del Banco Mercantil e Industrial, de 1943. Hoy en día acoge exposiciones de arte contemporáneo nacional e internacional.




    Fernán Gómez. Centro Cultural de La Villa (Pza de Colón, 4). Se construyó en el subsuelo de los Jardines del Descubrimiento en  1977, tras la remodelación de la plaza de Colón sobre el solar de la antigua Casa de La Moneda. Además de la sala de exposiciones, tiene dos salas para espectáculos (Sala Girau y la Sala Javier Poncela). Y también se ha usado como capilla ardiente para artistas como Lola Flores, Tony Leblanc o Rocío Jurado.


    31.7.17

    Guía para ser un desempleado culto en Madrid


    Estar entre el porcentaje de parados de este país tiene más de negativo que de positivo, para qué nos vamos a engañar. Pero tiene al menos dos ventas: la primera es que dispones de tiempo para hacer cosas y la segunda,  que cuentas con una acreditación para entrar gratis en numerosos museos.

    En esta guía encontrarás un recorrido por los museos de Madrid en los que puedes entrar gratis (o casi) enseñando tu tarjeta de desempleo en taquilla.


    Los que debes visitar sí o sí

    Estos museos tienen en común que la entrada general es bastante elevada (sobre todo los tres primeros), por lo que no debes desperdiciar esta oportunidad de disfrutar de sus colecciones a coste cero.

    • Museo Reina Sofía (C/ Santa Isabel, 52): Podrás acceder a su colección general de Arte Contemporáneo. 
    • Museo Thyssen (Pº del Prado, 8): Podrás acceder a su colección general de pintura antigua y contemporárea, reunida por la familia Thyssen-Bornemisza.
    • Museo del Prado (C/Ruiz de Alarcón, 23): Encontrarás cuadros de Velázquez, Goya, El Greco, El Bosco, Tiziano, Rubens, Murillo, Rivera, Zurbarán, Rafael o Van Dyck entre otros.
    • Museo Lázaro Galdiano (C/ de Serrano, 122):Con la colección privada de José Lázaro Galdiano, en la que fue su casa


    Los que sabes que existen...pero nunca te has acercado hasta hoy

    Son esos museos que hemos oído mencionar, pero a los que rara vez vamos fuera de las visitas escolares. Pues ahora puede ser un momento ideal para conocerlos a fondo, ya que aunque en todos los Museos Estatales, la entrada general es de sólo 3€ , si estás desempleado podrás entrar gratuitamente.

    • Museo Arqueológico (C/ Serrano, 13): Conoce la historia de España desde la Antigüedad hasta hoy a través de los restos que se han ido encontrando de las diferentes civilizaciones.
    • Museo Cerralbo (C/ Ventura Rodríguez, 27): Colección del Marqués Cerralbo en su propia Casa Palacio
    • Museo de América (Av. de los Reyes Católicos, 6): Reúne piezas precolombinas y etnográficas y virreinales
    • Museo del Traje (Av. Juan de Herrera, 2): El ayer y hoy de la moda española e internacional 
    • Museo de Antropología (C/Alfonso XII, 68): Fue el primer museo de este tipo que ser creó en España en el año 1875. Ofrece una visión acerca de la diversidad cultural en el mundo.
    • Museo de Artes Decorativas (C/Montalbán, 12): Recorrido por el diseño de mobiliario y objetos decorativos desde el siglo XIV hasta hoy.
    • Museo del Romanticismo (C/San Mateo, 13): Palacete que recrea la vida cotidiana y las costumbres de la alta burguesía durante el Romanticismo
    • Museo Sorolla (Pº General Martínez Campos, 37): Obra del pintor en la que fue su casa desde 1911, con su mobiliario original. 

    Los que siempre han sido gratuitos

    A estos podrás entrar gratis en cualquier momento, pero ¿cuándo vas a tener más tiempo que ahora?

    • Museo de Historia de Madrid (c/Fuencarral, 78)
    • Museo de San Isidro (Pza. de San Andrés, 1): Los orígenes de la ciudad de Madrid, desde la Prehistoria, hasta el establecimiento de La Corte.
    • Casa Museo de Lope de Vega (C/ Cervantes, 11): Es necesario reservar previamente ya que las visitas son guiadas. (Tf 91 429 92 16)
    • Museo Casa de la Moneda (C/ Doctor Esquerdo, 36): Este museo sobre la historia de la numismática comenzó gracias al trabajo de Tomás Francisco Prieto, Grabador General de la Casa de la Moneda del rey Carlos III, con la recopilación que hizo para enseñar a los artistas que trabajarían en la grabación de monedas.


    Los que te costarán lo mismo o menos que un tercio de cerveza

    Estos otros museos no son gratuitos, pero siendo desempleado puedes visitarlos por menos de lo que cuesta un tercio de mahou...

    • Museo del Ferrocarril (Pº de las Delicias, 61): Por 1€ puedes conocer todo sobre la historia de los trenes. Ver locomotoras a vapor, diésel y eléctricas. O tomarte un café en el interior de un coche restaurante de 1930 (eso sí, el café te costará más de 1€)
    • Museo Nacional de Ciencias Naturales (C/José Gurierrez Abascal, 2): Por 3€ puedes conocer cómo nuestro planeta ha llegado a ser lo que es y la enorme diversidad que alberga.
    • Museo Naval (Pª del Prado, 5): Por 3€ (aportación voluntaria) conocerás la historia marítima del país 



    26.7.17

    "El barón rampante", de Italo Calvino [Ed. Siruela]

    Italo Calvino
    El barón rampante
    Ed. Siruela. 1998.
    Primera publicación: 1957

    Cuando abres por fin el libro de uno de esos autores de los que siempre has oído hablar, sientes cierto placer y a la vez pudor por no haberlo hecho antes. Para autoperdonarme, me digo a mí misma que si Italo Calvino esperó hasta los 33 años para escribir esta novela, yo no andaba muy desencaminada al esperar apenas uno o dos años más que él para tenerla entre mis manos. De haberla leído alguna década antes, probablemente no hubiera hallado tanto placer entre sus líneas.

    Su título evoca a personajes de novelas de aventuras y en el fondo tiene mucho en común con esos libros que se suelen clasificar como juveniles pero que en realidad van dirigidos a un lector más maduro. Una historia en apariencia sencilla, rozando a menudo el humor, pero que a la vez nos habla de la importancia de ser fiel a ti mismo, porque ¿qué otra cosa sino nos define ante los demás?.

    La trama queda planteada desde el capítulo uno. Cosimo, barón de Rondó, con sólo doce años, se rebela ante sus padres durante una cena al negarse a comer caracoles y sube a lo alto de un árbol del jardín (yo con doce años hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido su habilidad trepadora y un jardín a mano). Ese acto de rebeldía adolescente se convierte en una meta en sí misma: nunca más volverá a pisar tierra.

    En el resto de capítulos su hermano nos narra su vida, cómo se adapta a vivir en los árboles, su relación con la familia y con el resto de personajes que van apareciendo. Su forma de vivir y relacionarse pone de manifiesto también la del resto:

    "Cosimo siguió el funeral, pasando de un árbol a otro, pero no consiguió entrar en el cementerio porque a los cipreses, de fronda tan tupida, no hay modo de trepar. Asistió a la sepultura desde el otro lado de la tapia, y cuando todos nosotros lanzamos un puñado de tierra sobre el ataúd, él echó un ramito de hojas. Yo pensaba que todos habíamos estado siempre tan distantes de mi padre como Cosimo desde los árboles"

    Porque aunque Cosimo habita en la copa de los árboles, no vive ajeno al mundo, todo lo contrario, esa distancia que toma le sirve para comprender mejor a la sociedad que le rodea. Desde las alturas colabora con los agricultores, se cartea con filósofos y escritores, se hace amigo de un bandido al que hace adicto a los libros, conoce el amor y hasta participa en la revolución francesa y en la invasión napoleónica.

    Su vida y el libro resumidos en un epitafio: "Vivió en los árboles. Amó siempre la tierra. Subió al cielo."

    23.7.17

    La Ranilla: De Prisión provincial a zona verde [Sevilla]


    De prisión en la República, a prisión de presos políticos en el franquismo, para finalmente devolverse a la ciudad en forma de jardín conmemorativo, el parque de La Ranilla abrió sus puertas en 2016.

    La cárcel de La Ranilla se construyó en Sevilla en 1933, durante la II República, al quedarse pequeña la cárcel del Pópulo del barrio del Arenal.
    En la entrada un azulejo recibía con la frase "Odia el delito y compadece al delincuente", en sintonía con la reformas que introdujo la Directora General de Prisiones, Victoria Kent, con el objetivo de humanizar el sistema penitenciario, como fueron por ejemplo la mejora de la alimentación de los reclusos, la libertad de culto en las prisiones, la ampliación de los permisos por razones familiares, la creación de un cuerpo femenino de funcionarias de prisiones y retirada de grilletes y cadenas.

    Por desgracia, este espíritu se hizo trizas durante el franquismo, y una cárcel que se diseñó para albergar a 300 reclusos hacinó a más de 3000, y se convirtió en escenario de palizas y asesinatos.
    El módulo 3 pasó entonces a convertirse en el de los presos políticos, junto al módulo de presos comunes y al módulo de mujeres.
    La cárcel estuvo en funcionamiento hasta 2007, aunque en los últimos años sólo albergaba a presos de tercer grado. 

    Plano de la prisión, fotografiado en una exposición organizada
    por el Ayuntamiento sobre la Prisión de La Ranilla

    Los terrenos, propiedad de la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios del Ministerio del Interior, fueron cedidos al Ayuntamiento de Sevilla (excepto dos parcelas que conservó para construir dos bloques de uso residencial...que por lo visto es lo que nace falta en el barrio, más bloques de pisos).

    Sobre este gran solar se proyectó ubicar un centro cívico, la Jefatura de la Policía Local y un parque, para intentar paliar que Nervión sea el barrio con menos zonas verdes por habitantes de la ciudad.


    El 14 de Enero de 2008 comenzó el derribo de la antigua prisión, y ese día nació el blog Diario de un derribo, en el que A. Aranda, vecino del barrio, documentaba desde su azotea la evolución de los trabajos. Lo que no imaginaba era que el blog sería testigo de 3.010 días hasta ver las puertas del parque abiertas. Debido a retrasos, incompetencias políticas y problemas con la constructora, las obras vieron pasar hasta tres alcaldes mientras los vecinos colocaban pancartas y carteles en sus ventanas (aún puede verse alguna de "Zoido termina ya el parque", que para mí es casi tan emblemática ya como la propia prisión).
    Foto de Manuel Palma. Publicada en el blog Diario de un Derribo


    El Centro Cívico comenzó a funcionar en enero de 2013, pero aunque su diseño es grandioso (el equipamiento del auditorio no tienen nada que envidiar a salas como el Lope de Vega), la escasez de presupuesto y la rigidez de la normativa local para el uso de centros cívicos, provoca que esté infrautilizado.

    El parque sin embargo tuvo que esperar hasta abril de 2016 para que los vecinos pudieran por fin pasear por él. En realidad, el parque más que parque es un jardín conmemorativo (para llamarse parque, creo que sobra hormigón y falta césped).
    Se ha conservado el pabellón de admisiones, que albergará un museo de la Memoria Histórica, y toda la planta del parque está diseñada en base al antiguo plano de la prisión (suelo de hormigón donde estaban cada uno de los tres módulos). Las palmeras y algunos árboles de los patios de la prisión también se han conservado y, donde estaba el módulo 3, el que fue módulo de los presos políticos, se ha contruido un pasillo de pérgolas que reproducen la estructura del módulo, tanto en altura, como en las medidas de las celdas o de la galería superior.


    En el centro de este pasillo, han conservado una fila de las baldosas originales, a petición de uno de los antiguos presos, que recordaba cómo tenían que fregar esos suelos para poder disfrutar de visitas.

    El diseño de fuentes desbordantes pretende recordar al arroyo del Tamarguillo que antiguamente pasaba a pocos metros y que tras su último desbordamiento en 1961 se decidió desviar. 



    No me gusta llamarle parque, porque pienso que para hacer un parque no era necesario un presupuesto de casi 3,7 millones de euros. Para ser parque, como dije antes, le falta césped donde los niños puedan jugar a la pelota o la gente sentarse a disfrutar, en cambio sobra hormigón y estructuras ornamentales. Denominarlo Jardín Conmemorativo tiene más sentido y cuando por fin se abra el Museo de la Memoria Histórica (si se hace algún día) será de alguna forma, testimonio vivo de la historia de la ciudad.


    13.7.17

    El tambor de hojalata (Günter Grass)

    El tambor de hojalata
    Günter Grass
    Ed. Alfaguara (1978)
    Primera publicación: 1959

    No tenía referencias previas sobre esta novela, los pocos a mi alrededor que lo habían empezado, lo abandonaron sin avanzar apenas. Así que cuando la tuve por primera vez en las manos, urgé en la contraportada. Varios términos captaron mi atención "difícil lectura", "genio" y "desesurada inventiva". ¿Qué podía salir de una coctelera con esos ingredientes?

    El protagonista del libro, Oscar*, nos cuenta su vida en retrospectiva, marcada por el regalo de un tambor de hojalata a los tres años de edad. Desde ese instante Oscar se refugia en su tambor para rehuir la promesa de su padre de que algún día heredará su negocio de ultramarinos, y decide dejar de crecer. Una caída por las escaleras le da la coartada perfecta ante los adultos, y desde entonces Óscar se instala en sus 94 centímetros de altura y se muestra ante el mundo como un niño.

    "No fue nada fácil aprender a leer haciéndome al propio tiempo el ignorante. Esto había de resultarme más difícil que la simulación, prolongada durante muchos años, de mojar la cama. Pues en este último caso se trataba de poner cada mañana de manifiesto una deficiencia de la que en el fondo habría podido prescindir. En cambio, hacerme el ignorante significaba para mí ocultar mis rápidos progresos y sostener una lucha constante con mi incipiente vanidad intelectual. Que los adultos vieran en mí a un niño que mojaba la cama me tenía perfectamente sin cuidado, pero tener que pasar un día sí y otro también por bobo era bastante molesto para Oscar y para su maestra"

    El libro va convirtiéndose en una colección de historias, que casi funcionan como relatos independientes, en las que vamos conociendo a personajes desde los ojos de Oscar, ojos que todo lo captan para traducirlo luego en golpes de tambor: Un padre que muestra su cariño en sopas. Un supuesto padre que juega a las cartas en un edificio de Correos asediado por granadas y metralla. Una madre que "a veces se instalaba en el error, aunque a su alrededor hubiera sillas suficientes. Aun cuando se encerraba en sí misma, para mí siempre estaba abierta". Una abuela que esconde a un futuro marido y a un nieto bajo sus cuatro faldas. Un primer amor que bulle en polvos efervescentes en la palma de la mano. Un supuesto hermano que sabe a hijo. Un mascarón de proa asesino. Una pandilla de discípulos delincuentes. Un maestro circense de un metro de altura y kilómetros de mundo. Un segundo amor sonámbulo con olor a canela. Pintores y musas. Músicos de jazz que tocan en un local donde se acude para pelar cebollas y llorar todo lo que fuera se es incapaz de llorar. Un dedo acusador que es reliquia y huele a bata de enfermera. Y como escenario para todos estos personajes, una Polonia y Alemania de uniformes, insignias y balas.

    Günter Grass tiene una pluma inteligente, capaz de formar imágenes únicas y de crear escenas difícil de olvidar (me muerdo la lengua para no destripar aquí alguna de ellas). ¿Por qué entonces pocos lectores se atreven con este libro? Tal vez porque a veces se regodee en detalles y situaciones que ralentizan el paso y te hace resoplar viendo la extensión de páginas que te quedan por delante (en total 655). En más de una ocasión tuve deseos de reducir fragmentos enteros a base de tijeretazos. Sin embargo, merece la pena tener paciencia en esos momentos, porque son la antesala de alguna escena de las que dejan huella. 

    El director Volker Schlöndorff la llevó al cine en 1979, levantando un gran revuelo por presentar una escena de contenido sexual con un menor (menor en la apariencia, recordemos que el personaje de Oscar no crece por fuera, pero tiene 17 años en esa escena).

    Para terminar, escojo una mini historia que ilustra bien el estilo de G. Grass y que no desvela nada de la historia principal para que no podáis acusarme de spoiler.
    La historia de cuando la señorita Pioch conoció a su señor Vollmer en el tranvía:

    "Yo volvía del negocio -posee y dirige una excelente librería-, el coche estaba repleto, y Willy -ése era el señor Vollmer- me pisó con rudeza el pie derecho. Yo no podía aguantarme de pie; fue un amor a primera vista. Mas como tampoco podía andar, él me ofreció su brazo y me acompañó o, mejor dicho, me llevó a casa y, a partir de aquel día, cuidó tiernamente aquella uña del pie que con su pisotón se me había puesto azul negruzca. Pero también en lo demás se comportó con mucho cariño, hasta que la uña se me desprendió del dedo gordo derecho y nada se oponía ya al crecimiento de una uña nueva. A partir del día en que se me cayó la uña mala, su cariño empezó a enfriarse. Sufríamos los dos por efecto de aquel decaimiento. Y en esto me hizo Willy, porque seguía queriéndome y también porque los dos teníamos mucho en común, aquella horrible proposición: Deja que te pise el dedo gordo izquierdo, hasta que la uña se ponga azul rojiza y luego azul negruzca. Yo accedí y él lo hizo. Instantáneamente volví a entrar en posesión de su amor y pude saborearlo hasta que la uña del dedo gordo izquierdo se me cayó también cual hoja seca. Y nuevamente nuestro amor se hizo otoñal. Ahora quería Willy volver a pisarme el dedo gordo derecho, cuya uña había crecido entretanto, para poder seguir amándome de nuevo. Pero yo no lo permití y le dije: si tu amor es verdaderamente grande y sincero, ha de poder sobrevivir a una uña de dedo gordo. Pero él no me comprendió y me dejó. Después de varios meses, volvimos a encontrarnos en una sala de conciertos. Pasado el intermedio, él se vino a sentar conmigo sin que yo se lo pidiera. Cuando durante la Novena Sinfonía empezó a cantar el coro, deslicé hacia los suyos mi pie derecho, del que previamente me había quitado el zapato. Él pisó y yo logré no perturbar el concierto. Dos veces más pudimos todavía pertenecernos mutuamente por espacio de algunas semanas, porque en dos ocasiones le tendía una vez el dedo gordo izquierdo y luego el derecho. Hoy tengo los dos dedos hechos una lástima. Las uñas no quieren ya crecer. De vez en cuando Willy viene a visitarme, se sienta a mis pies sobre la alfombra y contempla conmovido y lleno de compasión para conmigo y para con él mismo, pero sin amor y sin lágrimas, las dos víctimas desuñadas de nuestro amor."


    * Aviso a navegantes y correctores empedernidos: No es que haya olvidado la tilde de Oscar, es que en el libro aparece así, cosas del alemán.

    11.7.17

    Arte urbano en Oporto

    Visité fugazmente Oporto hace 18 años (hago un paréntesis aquí para sentirme vieja y suspirar) y quedó grabada en mi mente como una ciudad gris, desconchada y sucia.
    En los últimos años sin embargo oí en numerosas ocasiones hablar de ella como uno de los imperdibles de Portugal, una ciudad dinámica y moderna. A mí me costaba reconocer en esas palabras a la ciudad que había visto y tenía ganas de contrastar mis recuerdos. Y por suerte, mis recuerdos han quedado hecho añicos.


    Mejor que aburriros aquí con una reseña sobre las maravillas repartidas por la ciudad, cual video pelmazo de la boda de tus amigos, buscaros un hueco para una escapada  y palabrita de Gallina que no os vais a arrepentir. Sólo dejaré unas pocas palabras para los amantes de la comida como yo: bacalao dourado, vinho verde, sardinhas, queijo, alheira, francesinha y de postre natas. Podéis repetirlo hasta memorizarlo o cantarlos cual mantra.

    Lo que si quería compartir con vosotros es cómo el arte urbano se ha extendido por los muros de la ciudad. Diferentes artistas, con técnicas diversas, han ido dejando un reguero de obras por las calles. Oporto ha sabido darle su valor y ya empiezan a aparecer en las guías turísticas de la ciudad, aunque parece que también las instituciones públicas tuvieron sus más y sus menos con los artistas (Si queréis conocer toda la historia, no os perdáis el blog TheCityTailors).

    Aunque puedes encontrar obras por diferentes barrios, hay una calle que es un puro hervidero artístico: Miguel Bombarda, no sólo por el arte urbano que invade cada elemento de esta calle, sino por la alta tasa de galerías por metro cuadrado. Entre ellas, a destacar Ó!Galeria, dedicada en exclusiva a obras de ilustración.

    En el siguiente vídeo tenéis una muestra de lo que podréis ver si me hacéis caso (cosa que deberíais, insisto) y os dáis un garbeo por Oporto.

     


    1.7.17

    El cuento de la criada, de Margaret Atwood

    El cuento de la Criada
    Margaret Atwood
    Editorial Salamandra (2017)
    Primera publicación: 1985
    A mediados de los ochenta, la canadiense Margaret Artwood escribió esta novela distópica, en la que nos lleva a la República de Gilead (Estados Unidos), que se sirve de la excusa de protegerse ante el terrorismo islámico, para crear un régimen teocrático que supone una vuelta a los valores más puritanos y donde la libertad es sólo un vago recuerdo. 

    En esta sociedad, la fertilidad está tan mermada, que se sirven de las "Criadas" para permitir a familias de estratos altos en la jerarquía (los comandantes) tener descendecia. Es una de estas Criadas, Defred, la que nos cuenta en primera persona cómo es la vida de estas mujeres a las que anulan desde la vestimenta, la alimentación, las interacciones sociales o cualquier otro signo de libertad, convirtiéndose en meros úteros fértiles a disposición de sus comandantes. Su propio nombre es eliminado, adquiriendo un nombre diferente en función del comandante al que es asignada (su comandante actual se llama Fred, por tanto ella se llama "Defred"). Rebelarse contra las normas implica la muerte o el destierro a las colonias, al estilo de los gulags siberianos de la Unión Soviética. 


    Los demás personajes femeninos que rodean a Defred (Esposas, Econoesposas, Tías y Marthas) dibujan una sociedad hostil, donde cada una busca vías de desahogo a costa de las mujeres de las jerarquías inferiores, en lugar de establecer lazos de unión.

    A lo largo del libro hallamos siete capítulos con un mismo título: "La noche", en los que Defred,  aprovechando esas horas de soledad en su habitación, nos lleva a su mundo interior de pensamientos, recuerdos de su vida anterior y divagaciones. Estos pasajes en ocasiones se vuelven lentos y repetitivos, aunque más allá de ser un defecto de la novela, te ayuda a adentrarte en la piel del personaje, en su completo aislamiento e impotencia para cualquier mínima acción. No es ninguna heroína luchando ante la adversidad, sino un ser completamente
    anulado.

    Sí que en ocasiones resulta un personaje algo incoherente, ya que aunque no parece que haga más de cinco años que fue convertida en Criada, recuerda sus libertades anteriores al régimen con un deterioro más propio de un lapso temporal de 30 o 40 años.

    Sorprende encontrar en esta novela escrita hace más de tres décadas desigualdades de fondo que ni siquiera hoy se han superado, lo que provoca que, a medida que avanzamos en su lectura, crezca cierto temor de que acabe por ser una profecía de hacia donde va nuestra sociedad actual. Muy en la línea de la novela 1984, escrita por Georges Orwell en 1948.

    El cuento de la Criada se ha convertido en una de las novelas de este año, con motivo del estreno de la serie de televisión para la HBO, aunque ya había sido llevada al cine en 1990 en Alemania bajo el título de El cuento de la doncella.