Centro Cerámica Triana

Recuerdo atravesar la calle alfarería de pequeña, y ver los talleres de alfareros con sus puertas abiertas y los tornos girando al fondo en semipenumbra. Pero nunca imaginé los enormes hornos que se escondían tras la fachada de Cerámicas Santa Ana, convertida desde 2014 en el Centro Cerámico de Triana.

Una de las maravillas de este museo es que no solo hablan los paneles informativos, sino que las mismas paredes te cuentan historias del pasado.



La remodelación de los arquitectos (Miguel Hernandez Valencia y Esther López Martín) ha sabido respetar las edificaciones originales combinándolas con la moderna estructura superior de acero y piezas cerámicas cilíndricas, que recuerdan las piezas apiladas en los hornos y que ofrecen además encuadres originales desde las galerías superiores, con ese placer de quien observa a escondidas desde una mirilla.
 
Chimeneas superiores de uno de los hornos

 

La planta baja del museo ofrece un recorrido por las instalaciones de la antigua fábrica de cerámica, con hornos que datan del siglo XIX (alguno incluso del siglo XVI, que se encontraron durante las excavaciones arqueológicas). 
Hornos de ladrillo en los que, una vez introducidas las piezas y encendido el fuego, se tapiaba la puerta para evitar la entrada de aire y cuya coción se controlaba según el color del fuego que subía por las chimeneas superiores.

Interior de uno de los hornos

En esta planta baja podemos ver también el antiguo pozo de agua y los molinos para los minerales de los esmaltes.


De estos hornos han salido gran parte de los azulejos que vemos a diario en edificios antiguos de la ciudad. Mi colegio estaba a pocos metros de esta fábrica (San Jacinto) y tengo grabada en la memoria los dibujos geométricos de sus zócalos y el tacto suave de los esmaltes.

Cartel cerámico publicitario años 40-60  / Interior del horno, con las estanterías para las piezas

Completan el museo una zona expositiva en la planta superior, con obras cerámicas de distintas épocas, pertenecientes a la colección del Ayuntamiento, así como una sala acerca del barrio de Triana. 

Y este paseo al corazón de barro de triana cuesta tan sólo 2,10€ y para los sevillanos, de un lado u otro del puente, gratis.

Como curiosidad documental, he encontrado un reportaje que hizo canal sur sobre Cerámicas Santa Ana en el año 1988, y más antiguas aún, unas imágenes grabadas en 1948 donde se ve a los trabajadores saliendo de la fábrica y al antiguo propietario, Eduardo Rodríguez Díaz.

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